¡Gracias!

A mi reflejo en el mar y el cielo,

que vivo entre ambos,

por nunca dejarme caer al precipicio.

El mundo es una bola de espejos,

me deslizo por la pista y el escenario es mi vida,

reflejando como agua y como el éter circulando.

Tan agradecida de lo consciente que soy cuando me veo por la tierra.

Que bendición, el poder hacer contacto con el mundo de afuera.
Mi interior se llena de pasión y de amor,

de ternura y de luz.

El regalo de la vida es mío con cada respiro.

Todo me recuerda que rezar esta en estar,

presente y conectada.

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