Que ganas de sanar,
por tantos años llena de vendas,
pensaba que así me podía cuidar.
Lo que expongo bajo el sol,
no se puede sabotear,
mi vulnerabilidad es mi forma de transformar.
Ya no tengo miedo ni culpa,
entre más abro las cortinas,
las malas vibras se desaniman.
Nadie quiere atacar cuando hay testigos.
Los espejos de mis ojos,
y más pesados los de mi alma,
hacen que cuando más honesta soy,
confrontarme se vuelve auto-exploración para quiénes quieren pedrar.
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