¡Ya llegué!
Resulta que me gusta que me agarre la cara,
me diga “esa es mi chica”,
tengo fija la mirada,
me abraza y me dice— no quiere que me vaya.
Resulta que me gusta cuando entro y todos clavan,
que cuando ponen mis temas tengo el alma elevada,
me dicen “que diferente” es que yo estoy desamarrada.
Te juro que no es suerte,
me desnudé de las prendas
y todas esas cosas que entran en la cabeza.
Cuando camino libre y la gente me sonríe, recuerdo que por algo decidí moverme así.
Resulta que me gusta que la noche me recuerde.
Cuando el mar abierto me refleja mi deseo,
me le pongo de espaldas y aún macabra me resguarda.
Salpica y me eriza, pero estoy calientita.
Me gusta de rodillas y adoraciones benditas.
Resulta, la pasión es un espectro en espiral.
Me siento, me consume,
un toquecito, nada más.
Crucificada enloquezco,
es exorcismo espiritual.
Me toma la consciencia desde abajo de mi pelo.
Profundo y oscuro,
un hoyo negro,
le sireneo.
La realidad es simple—
Transformada,
Realiza.
Soy una diabla fina,
una pobre santa diva.
Católica en la cama,
el agua fresca me bautiza.
Y eso que hace eco,
salvajismo sagrado.
Hedónica en las calles,
amo a toda la banqueta.
Soberana y arquitecta,
pero me gusta cuando solo soy su presa.
Dios me hizo loca,
esquizofrénica.
También asquerosa, perfecta—
me dio nobleza y riqueza,
es eso que me pasa cuando palpita la marea.
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